Del púrpura al granate: por qué el vino tinto cambia de color al envejecer

¿Por qué el vino tinto pasa de púrpura a granate o teja? Descubre cómo antocianos, taninos, pH, oxígeno y guarda transforman su color.

Dos copas transparentes de vino tinto sobre una superficie clara, una de color rojo violáceo profundo y otra granate translúcido con borde teja, ilustrando cómo puede evolucionar el color del vino tinto.

Dos copas descansan sobre la misma superficie clara.

La primera es casi opaca en el centro y conserva una línea violácea allí donde el vino toca el cristal. La segunda deja pasar más luz. Su núcleo es granate; el borde empieza a adquirir un tono teja.

El ojo escribe la historia antes de que la nariz se acerque a cualquiera de las dos:

Joven. Viejo.

Esa primera impresión puede orientar. Todavía no constituye un diagnóstico.

En nuestro artículo anterior del Cellar Journal, la temperatura modificaba la velocidad del reloj del vino. El color revela parte de lo que ese reloj ha hecho, pero nunca por sí solo y nunca con la precisión de una fecha impresa en el calendario.

La idea central: el color es un registro del cambio, no un sello de fecha.

Un vino tinto no se limita a palidecer mientras envejece. Sus pigmentos se extraen, se asocian, se protegen, se transforman, se unen a otros compuestos y, a veces, abandonan la solución. El resultado depende de la uva, la añada, la elaboración, el pH y la composición fenólica del vino, el oxígeno que encuentra y las condiciones en las que se conserva.

Por eso el color puede respaldar una hipótesis.

No puede completar la investigación.

El color no es una sola observación

Cuando alguien dice que un vino es “oscuro” o que “parece viejo”, suele comprimir varias observaciones diferentes dentro de una sola palabra.

Una descripción más útil separa, al menos, cuatro dimensiones:

  • Intensidad o profundidad: cuánta dificultad encuentra la luz para atravesar el vino.
  • Matiz: si el color visible se inclina hacia violeta, rubí, granate, naranja, teja o marrón.
  • Evolución del borde: cómo cambia el color hacia la zona menos profunda de la copa inclinada.
  • Limpidez y depósito: si el vino aparece brillante, turbio o con sedimento visible.

Los laboratorios separan estas variables por la misma razón. La Organización Internacional de la Viña y el Vino define convencionalmente la intensidad colorante de vinos tintos y rosados mediante la absorbancia a 420, 520 y 620 nanómetros, mientras el “matiz” se expresa como la relación entre la absorbancia a 420 y 520 nanómetros (OIV, OIV-MA-AS2-07B). La OIV también reconoce la medición CIELab, que describe luminosidad y coordenadas cromáticas a partir del espectro visible (OIV, determinación según CIELab).

Una copa de cata no es un espectrofotómetro. Pero la disciplina sí puede trasladarse:

Describe el color antes de interpretar el color.

Dónde comienza el color rojo

En la mayoría de las uvas tintas de Vitis vinifera, la pulpa presenta poco color o es casi incolora, mientras los antocianos —también llamados antocianinas, los principales pigmentos rojos, púrpuras y azules procedentes de la uva— se concentran sobre todo en los hollejos. Las variedades tintoreras constituyen una excepción importante porque también acumulan pigmento en la pulpa (He et al., 2012a).

Eso significa que el vino tinto comienza como una cuestión de contacto.

El estrujado, la fermentación, la duración y temperatura de la maceración, el desarrollo del alcohol, la gestión del sombrero, las enzimas y otras decisiones de bodega influyen en cuánto pigmento abandona los hollejos y pasa al vino. La uva ofrece un inventario potencial; la elaboración determina cuánto se extrae y qué sucede después con ese inventario.

Incluso antes de comenzar la crianza, dos vinos pueden partir de bases cromáticas muy distintas.

Una variedad puede contener una concentración mayor o un perfil de antocianos diferente al de otra. Las condiciones del viñedo pueden alterar ese perfil. Una extracción larga o intensa puede producir un resultado visual diferente al de una maceración delicada. Y una misma técnica no funciona igual en todas las variedades: en un experimento con seis uvas tintas, la maceración prefermentativa en frío aumentó la intensidad colorante percibida en algunos vinos, la redujo en Pinot Noir y produjo resultados que los autores consideraron dependientes de la variedad (Casassa, Bolcato y Sari, 2015).

Por tanto, un vino pálido no es automáticamente viejo.

Uno oscuro no es automáticamente joven.

Por qué un vino tinto joven puede parecer púrpura

El borde violeta y vivo de un vino joven no depende de un solo pigmento actuando por su cuenta.

Los antocianos existen en varias formas químicas cuyas proporciones y expresión visible dependen fuertemente de la matriz que los rodea, especialmente del pH. Sus estructuras moleculares también varían, y esas diferencias influyen en el matiz y la estabilidad. En soluciones modelo, el cambio de pH alteró el comportamiento cromático de antocianos individuales de la uva porque los pigmentos se desplazaron entre formas coloreadas e incoloras distintas (Heredia et al., 1998).

Pero el pH no funciona como un simple interruptor entre púrpura y rojo.

En el vino real, los antocianos interactúan entre sí y con otras moléculas. Un fenómeno importante en vinos jóvenes es la copigmentación: asociaciones no covalentes entre los antocianos y cofactores adecuados que pueden incrementar la intensidad colorante y, en algunos casos, desplazar el matiz visible hacia una expresión más azulada o violácea. La revisión crítica de Boulton describió la copigmentación como una contribución potencialmente importante al color del vino tinto joven, aunque subrayó que su magnitud depende de la composición de pigmentos y cofactores (Boulton, 2001).

Esta es una de las razones por las que un vino joven puede parecer más saturado de lo que sugeriría un simple recuento de antocianos libres.

El color ya es una interacción.

El vino no se limita a perder color: su sistema de pigmentos se reorganiza

Si el envejecimiento consistiera únicamente en perder pigmento, un vino viejo sería simplemente una versión más débil de sí mismo cuando era joven.

Eso no es lo que ocurre.

Durante la maduración y la crianza, disminuyen los antocianos monoméricos. Algunos se degradan. Otros reaccionan con flavan-3-oles y compuestos relacionados con los taninos. Algunos participan en reacciones mediadas por aldehídos. Otros forman nuevas familias de pigmentos, como las piranoantocianinas y estructuras poliméricas más complejas. Estos productos difieren en color, estabilidad, sensibilidad al dióxido de azufre y respuesta al pH (He et al., 2012b; Zhang et al., 2022).

Por tanto, el vino cambia tanto la cantidad de color que conserva como el tipo de moléculas que lo sostienen.

Algunos pigmentos derivados de los antocianos aportan tonos más anaranjados que sus precursores procedentes de la uva. Los pigmentos poliméricos pueden adquirir una importancia creciente en el color visible del vino envejecido. En un estudio de Cabernet Sauvignon chileno que recorrió dieciséis añadas, la vitisina A permaneció detectable durante muchos años, pero solo representó una pequeña parte del color percibido; en esos vinos, la fracción polimérica aislada fue la principal contribuyente (Schwarz et al., 2003).

Los porcentajes exactos de aquel experimento no deben convertirse en una regla universal. La lección más sólida es otra:

No existe un único “pigmento del envejecimiento” responsable del color del vino maduro.

Los taninos participan, pero “más tanino” no garantiza más color

A veces se describe a los taninos como si fueran una estructura marrón esperando atrapar pigmento rojo.

La realidad es más específica.

Los flavan-3-oles y las proantocianidinas pueden participar en reacciones directas o mediadas por aldehídos con los antocianos, contribuyendo a la formación de pigmentos poliméricos. Estas reacciones pueden ayudar al vino a pasar de un sistema dominado por pigmentos monoméricos frágiles a otro sostenido por formas más complejas. Sin embargo, el resultado depende de qué compuestos estén presentes, en qué concentraciones, del pH, la exposición al oxígeno, el dióxido de azufre y el tiempo (Somers, 1971; Gambuti et al., 2020).

Por eso un vino tánico no tiene garantizado conservar un color profundo.

Y la intensidad visual tampoco revela por sí sola la calidad del tanino, su textura ni el potencial de envejecimiento.

La red de pigmentos y la red de sensaciones táctiles se superponen.

No son idénticas.

Piranoantocianinas: nuevos pigmentos nacidos dentro del vino

Algunos de los pigmentos más fascinantes del vino tinto maduro no estaban presentes en la uva de la misma forma.

Las piranoantocianinas pueden formarse cuando los antocianos reaccionan con compuestos relacionados con la fermentación o la crianza, como el ácido pirúvico, el acetaldehído y derivados de los ácidos hidroxicinámicos. El anillo adicional de su estructura puede hacer que muchos de estos pigmentos sean más resistentes que los antocianos monoméricos a los cambios de pH y al blanqueo por dióxido de azufre. Su contribución visible suele inclinarse hacia tonos rojo-anaranjados (Márquez et al., 2013).

Esta química explica mejor el desplazamiento desde rojo púrpura hacia granate y teja que la frase “el vino está perdiendo color”.

El vino pierde algunos pigmentos.

También crea otros.

Un amplio estudio dirigido de 234 vinos tintos de múltiples variedades, añadas y países encontró que las familias de pigmentos evolucionaban de manera distinta durante el envejecimiento prolongado y contribuían de forma diferente a los tonos rojo-violáceos y caoba. Modelos estadísticos y de aprendizaje automático pudieron clasificar etapas amplias de envejecimiento mediante datos químicos detallados y coordenadas CIELab (Zhang et al., 2021).

El resultado es fascinante, pero no convierte la inspección visual en una prueba de laboratorio capaz de fechar una botella. El modelo utilizó mediciones químicas dirigidas, coordenadas de color controladas y un conjunto amplio de datos.

El ojo dispone de mucha menos información.

Por qué el borde parece más viejo que el centro

Inclina una copa de vino tinto sobre una superficie blanca y el borde normalmente se verá más claro y, a menudo, más anaranjado que el núcleo.

El borde no ha envejecido más rápido que el centro.

Es el mismo vino observado a través de un recorrido óptico más corto. En el centro profundo, la luz atraviesa más líquido y más pigmento, lo que puede ocultar cambios sutiles de matiz. En el borde, una capa más fina permite percibirlos con mayor facilidad. El método analítico de la OIV estandariza expresamente la longitud del recorrido óptico porque la absorbancia medida cambia con la distancia que la luz atraviesa dentro de la muestra (OIV, OIV-MA-AS2-07B).

Eso vuelve útil al borde.

No lo convierte en un calendario.

Un borde teja amplio puede ser compatible con una evolución mayor de los pigmentos que uno violáceo y estrecho. Pero la forma de la copa, la profundidad del vertido, la iluminación, el fondo, la variedad, la extracción y la historia de conservación pueden modificar la comparación.

Púrpura, rubí, granate, teja: una tendencia, no una cronología

Cuatro vinos tintos distintos con expresiones de color violeta, rubí, granate y teja, presentados como ejemplos y no como una cronología fija de envejecimiento.

La secuencia conocida es suficientemente real como para resultar útil:

violeta o púrpura → rubí → granate → teja o caoba

A medida que disminuyen los antocianos monoméricos y cobran protagonismo los pigmentos derivados, el equilibrio suele alejarse de los tonos rojo-azulados y desplazarse hacia componentes rojo-anaranjados o amarillos. Las revisiones sobre química del color del vino describen repetidamente esta evolución general desde rojo púrpura en la juventud hacia rojo teja en la madurez (He et al., 2012b; Delić et al., 2024).

Lo que la secuencia no ofrece es un calendario universal.

No existe una regla defendible según la cual todo vino se vuelve granate a los cinco años o teja a los diez. Las variedades parten de perfiles de pigmentos distintos. Las añadas modifican la composición de la uva. Las decisiones de elaboración afectan la extracción y la formación de nuevos pigmentos. Los cierres y las temperaturas de guarda cambian la velocidad de evolución.

Un color que parece maduro puede reflejar edad.

También puede reflejar el punto de partida del vino y el camino que recorrió.

El oxígeno es un reactivo, no un villano simple

En el vino, el oxígeno suele presentarse como salvación o destrucción.

Por sí solo, no es ninguna de las dos.

Una exposición pequeña y controlada puede participar en reacciones que ayudan a enlazar antocianos y flavanoles mediante vías mediadas por aldehídos, y puede favorecer la formación de determinados pigmentos estables. Durante la crianza, una oxidación moderada forma parte de la química mediante la cual evoluciona el sistema de pigmentos (Zhang et al., 2022).

Pero el oxígeno no es beneficioso sin límite. También consume dióxido de azufre, transforma el aroma y puede impulsar al vino hacia una oxidación excesiva, pérdida de frescura y mayor expresión marrón o amarilla. En un estudio de cinco años de envejecimiento en botella con tres vinos tintos ricos en taninos, la composición inicial de antocianos, taninos y dióxido de azufre influyó en la polimerización y en la forma en que la exposición al oxígeno a través del cierre afectó a los vinos (Gambuti et al., 2020).

La distinción útil no es oxígeno frente a ausencia de oxígeno.

Es dosis, momento, composición del vino y control.

La guarda cambia la velocidad de la historia cromática

El artículo sobre el refrigerador presentó el reloj del envejecimiento. El color nos ofrece una parte visible del movimiento de ese reloj.

Las temperaturas de almacenamiento más altas suelen acelerar los cambios químicos. En un Sangiovese criado en diferentes tipos de barrica y a distintas temperaturas, la condición más cálida favoreció la formación de compuestos fenólicos polimerizados y el aumento de la intensidad y el matiz durante el periodo estudiado (Castellari et al., 2001). Estudios en botella también han demostrado que la temperatura puede influir con fuerza sobre la evolución del color, los compuestos fenólicos, el aroma y los compuestos azufrados (Giuffrida de Esteban et al., 2019).

Cambiar más rápido no equivale automáticamente a evolucionar mejor.

Un vino conservado con demasiado calor puede adquirir antes tonos de madurez y, al mismo tiempo, perder precisión aromática o equilibrio. El color puede demostrar que hubo cambio; no puede certificar que el cambio fue armonioso.

Esa distinción importa en la cava.

Un borde teja puede ser una bella evidencia de madurez.

También puede ser un síntoma dentro de una historia más amplia de calor u oxígeno.

La nariz y el paladar deben decidir cuál historia resulta más plausible.

Sedimento: cuando parte del color abandona el vino

A medida que los compuestos fenólicos reaccionan y se polimerizan, algunas estructuras alcanzan un tamaño que reduce su solubilidad y terminan precipitando. El Australian Wine Research Institute señala que los compuestos polifenólicos pueden condensarse con el tiempo, formar polímeros mayores y finalmente abandonar la solución; los pigmentos rojos y materiales relacionados con los taninos son componentes habituales de depósitos coloreados en el vino tinto (AWRI, depósitos amorfos).

Sedimento natural fino de color rojo-marrón depositado en el hombro de una botella de vino tinto maduro sin etiqueta, junto a un decantador transparente.

Eso ayuda a explicar por qué una botella madura puede verse más clara en la copa y, a la vez, contener más sedimento.

Pero el sedimento no es un certificado de edad.

Un vino joven sin filtrar puede presentar depósito. Un vino más viejo cuidadosamente clarificado puede contener muy poco sedimento visible. La inestabilidad, la conservación, las decisiones de elaboración y el movimiento de la botella también importan.

Describe el depósito.

No le asignes prestigio.

El color es evidencia y también expectativa

El color no solo nos comunica algo sobre el vino. También le dice al cerebro qué debería esperar de él.

En un experimento conocido, 54 catadores describieron con términos aromáticos más propios del vino tinto un vino blanco al que se había añadido un colorante rojo inodoro. El estudio demostró que la información visual podía influir en el lenguaje utilizado para caracterizar los aromas (Morrot, Brochet y Dubourdieu, 2001).

Eso no significa que el color convierta la cata en algo imaginario.

Significa que la percepción está integrada.

Un vino púrpura profundo puede prepararnos para densidad, juventud, fruta oscura y tanino. Un vino granate y transparente puede predisponernos a encontrar delicadeza, fruta seca, tierra o edad. A veces el vino confirma esas expectativas. A veces la expectativa dirige la descripción.

La mejor defensa no consiste en ignorar el color.

Consiste en observarlo con precisión y sostener la inferencia con ligereza.

Lo que el color puede —y no puede— decirte

El color puede respaldar conclusiones útiles cuando se combina con contexto.

Puede sugerir:

  • una concentración visible relativa de pigmentos;
  • un desplazamiento general desde rojo azulado hacia rojo anaranjado;
  • una posible evolución del sistema de pigmentos;
  • diferencias entre variedades, decisiones de extracción o historias de conservación;
  • la presencia de turbidez o sedimento que merece una inspección adicional.

El color por sí solo no puede demostrar:

  • la edad exacta del vino;
  • la variedad de uva;
  • la región o el suelo;
  • la calidad de la añada;
  • el nivel o la textura del tanino;
  • que el vino haya pasado por barrica;
  • que el vino esté oxidado;
  • que el sedimento sea un defecto o una señal de prestigio;
  • si el vino te gustará.

La evidencia visual es real.

Su jurisdicción es limitada.

La lectura del color en cinco pasos

Una copa transparente de vino tinto inclinada sobre una superficie blanca y neutra, mostrando la diferencia entre el núcleo rubí profundo y el borde granate más claro.

El siguiente método es un marco original de cata de Ask Sommelier AI. Está diseñado para producir observaciones consistentes, no mediciones de laboratorio ni una datación a ciegas.

1. Prepara la escena

Utiliza luz natural neutra o una iluminación blanca de buena calidad. Sostén la copa sobre una superficie blanca o clara y mate. Cuando compares vinos, utiliza el mismo tipo de copa transparente y una cantidad de vino semejante.

Evita manteles de colores, iluminación ámbar, cristal tintado y las dramáticas luces azules de algunos bares de vino.

2. Lee la profundidad antes que la edad

Mira primero a través del centro y luego inclina la copa.

Pregúntate:

  • ¿El núcleo es transparente, translúcido, profundo o casi opaco?
  • ¿Puedo ver el tallo de la copa a través del vino?
  • ¿Con qué rapidez pierde intensidad hacia el borde?

Describe la profundidad sin llamar inmediatamente al vino joven, potente, concentrado o viejo.

3. Nombra el matiz en dos lugares

Describe por separado el centro y el borde.

Por ejemplo:

  • núcleo rubí profundo, borde violáceo;
  • núcleo rubí, borde granate estrecho;
  • núcleo granate translúcido, borde teja amplio;
  • predominio caoba-marrón en toda la copa.

“Rojo” es una categoría.

El matiz vuelve útil la observación.

4. Examina la limpidez y el depósito

¿El vino se muestra brillante, ligeramente turbio, nublado o con sedimento visible?

Si existe depósito, anota su color y forma sin diagnosticarlo solamente por la vista. El movimiento de la botella puede suspender material que normalmente estaría en el fondo. La elaboración de vinos naturales, las decisiones de filtración, la precipitación fenólica y ciertas inestabilidades pueden crear apariencias distintas.

5. Añade contexto y declara tu nivel de confianza

Solo ahora incorpora:

  • añada conocida;
  • variedad o mezcla;
  • región y clima;
  • información de elaboración;
  • historia de conservación;
  • evidencia de nariz y paladar.

Termina con una declaración de confianza, no con un veredicto.

Ejemplo: Núcleo rubí profundo, borde granate estrecho, limpio y sin sedimento visible. La apariencia es compatible con cierta evolución de los pigmentos, pero la variedad, la extracción y la historia de guarda siguen siendo explicaciones alternativas importantes. Confianza: moderada.

Tabla de interpretación

Lo que observasInterpretaciones plausiblesLo que no demuestra
Núcleo rubí-púrpura denso con borde violáceoCarga visible alta de pigmento; antocianos de vino joven y copigmentación pueden ser importantesEdad exacta, calidad alta, cuerpo pleno o tanino elevado
Núcleo rubí con borde granate estrechoPuede existir una evolución temprana o moderada de los pigmentosUna añada concreta o ventana de consumo
Granate translúcido con borde teja amplioEs plausible una mayor contribución rojo-anaranjada y una evolución más prolongadaQue el vino sea viejo, sano, oxidado o valioso
Color marrón o caoba predominante en toda la copaPuede intervenir una evolución avanzada o la oxidaciónDeterioro automático; algunos estilos son deliberadamente oxidativos
Sedimento fino rojo-marrónEs plausible una precipitación de pigmentos o compuestos fenólicosGran edad, calidad premium o defecto
Turbidez o partículas suspendidas inesperadasPuede ser necesario considerar movimiento, filtración, inestabilidad o actividad microbianaUn diagnóstico basado solamente en la apariencia

La tabla no sustituye al vino.

Frena el salto entre mirar y afirmar.

Por qué esto importa para Ask Sommelier AI

Un registro útil de vino debe recordar algo más que una palabra de color.

Cuando registres una botella, anota:

  • intensidad del núcleo;
  • matiz del centro;
  • matiz y amplitud del borde;
  • limpidez y sedimento;
  • condiciones de iluminación y copa;
  • observaciones aromáticas y de paladar;
  • fecha de apertura e historia de conservación, cuando se conozcan.

Ese contexto permite que las comparaciones futuras sean más significativas. Una nota que solo diga granate resulta evocadora. Una que diga núcleo granate translúcido, borde teja amplio, limpio después de mantener la botella de pie, cereza seca y cuero apareciendo después de treinta minutos se convierte en evidencia aprovechable.

Ask Sommelier AI debe ayudar a organizar esa evidencia, no fingir que una fotografía puede revelar una añada exacta, certificar el estado del vino o sustituir el siguiente aroma y sorbo.

El color inicia la conversación.

El resto del vino responde.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el vino tinto se vuelve marrón al envejecer?

Los antocianos monoméricos disminuyen mientras se forman nuevos pigmentos derivados y poliméricos. El equilibrio visible suele desplazarse desde tonos rojo-azulados hacia componentes anaranjados, amarillos o marrones. El oxígeno, el pH, la temperatura, el dióxido de azufre, la variedad y la composición del vino influyen en la velocidad y el resultado.

¿Un color granate significa que el vino es viejo?

No necesariamente. El granate puede ser compatible con evolución, pero algunas variedades y estilos de elaboración comienzan con menos intensidad o avanzan antes hacia ese matiz. También influyen la iluminación, la cantidad servida, la extracción, el oxígeno y la conservación.

¿Un borde púrpura demuestra que el vino es joven?

Un borde violáceo o púrpura es frecuente en muchos tintos jóvenes ricos en pigmentos, especialmente cuando los antocianos monoméricos y la copigmentación tienen una presencia importante. Es evidencia de apoyo, no una prueba de edad específica.

¿Por qué el borde es más claro que el centro?

En el borde existe una capa menos profunda de vino, por lo que la luz atraviesa menos líquido y menos pigmento. Ese recorrido óptico más corto permite ver mejor los cambios sutiles de matiz.

¿El sedimento significa que el vino está malo?

No. Los pigmentos y polímeros fenólicos pueden precipitar de forma natural, especialmente mientras el vino evoluciona. El sedimento también puede reflejar decisiones de filtración o inestabilidad. Evalúa aroma, paladar, historia de la botella y forma del depósito antes de concluir.

¿El color permite saber si un vino está oxidado?

Puede despertar una sospecha, especialmente cuando el tono marrón resulta inesperado para el estilo, pero no diagnostica oxidación por sí solo. El aroma, el sabor, la frescura, el estado del cierre y la historia de conservación son esenciales.

¿Puedo estimar la añada de un vino solo por su color?

No de manera fiable. Un catador entrenado puede formular hipótesis amplias, pero la datación exacta a ciegas exige más evidencia y, aun así, conserva incertidumbre. El color debe combinarse con variedad, región, aroma, estructura, desarrollo y condiciones conocidas de conservación.

El color del tiempo

Volvamos a las dos copas.

El vino violáceo puede ser joven. El granate puede haber recorrido un camino más largo.

Pero ahora el ojo vacila antes de escribir la historia completa.

Observa la profundidad. Separa el núcleo del borde. Se pregunta qué aportó la uva, qué extrajo la bodega, qué ayudó a transformar el oxígeno, qué aceleró la temperatura y qué parte del color ya se depositó en el fondo de la botella.

Entonces se acerca la nariz.

Ese es el orden correcto.

El color es la primera página de la historia de un vino.

No es el capítulo final.

Referencias y lecturas complementarias

  1. Organización Internacional de la Viña y el Vino. Características cromáticas (Tipo IV), OIV-MA-AS2-07B.
  2. Organización Internacional de la Viña y el Vino. Determinación de las características cromáticas del vino según CIELab.
  3. He, F., et al. (2012). Anthocyanins and their variation in red wines I: Monomeric anthocyanins and their color expression. Molecules, 17, 1571–1601.
  4. He, F., et al. (2012). Anthocyanins and their variation in red wines II: Anthocyanin-derived pigments and their color evolution. Molecules, 17, 1483–1519.
  5. Boulton, R. (2001). The copigmentation of anthocyanins and its role in the color of red wine: A critical review. American Journal of Enology and Viticulture, 52, 67–87.
  6. Heredia, F. J., et al. (1998). Chromatic characterization of anthocyanins from red grapes—I. pH effect. Food Chemistry, 63, 491–498.
  7. Somers, T. C. (1971). The polymeric nature of wine pigments. Phytochemistry, 10, 2175–2186.
  8. Zhang, X.-K., et al. (2022). Red wine coloration: A review of pigmented molecules, reactions, and applications. Comprehensive Reviews in Food Science and Food Safety, 21, 3834–3866.
  9. Márquez, A., et al. (2013). Pyranoanthocyanin-derived pigments in wine: Structure and formation during winemaking. Journal of Chemistry, 713028.
  10. Schwarz, M., et al. (2003). Vitisin A content in Chilean Cabernet Sauvignon wines and contribution to the color of aged red wines. Journal of Agricultural and Food Chemistry, 51, 6261–6267.
  11. Zhang, X.-K., et al. (2021). Targeted metabolomics of anthocyanin derivatives during prolonged wine aging: Evolution, color contribution and aging prediction. Food Chemistry, 339, 127795.
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  14. Zhang, H.-L., et al. (2024). Effects of phenolic evolution on color characteristics of single-cultivar Marselan and Merlot wines during vinification and aging. Foods, 13, 494.
  15. Delić, M., et al. (2024). Grape, wine and pomace anthocyanins: Winemaking biochemical transformations, application and potential benefits. OENO One, 58(4).
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  17. Giuffrida de Esteban, M. L., et al. (2019). Impact of closure type and storage temperature on chemical and sensory composition of Malbec wines during aging in bottle. Food Research International, 125, 108553.
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  19. Australian Wine Research Institute. Depósitos amorfos en el vino.