Imagina que giras una botella entre las manos y encuentras la palabra País. En otra etiqueta aparece Mission. Los nombres parecen señalar direcciones diferentes: uno hacia un país; el otro, hacia una institución religiosa.
Ninguno te dice quién podaba el viñedo, quién fabricaba sus recipientes ni quién decidía adónde iría el vino.
En el artículo anterior del Cellar Journal miramos más allá del muro del monasterio para conocer a las personas que hicieron posible el viñedo medieval. Ahora el recorrido cruza un océano. La pregunta nos acompaña.
Trasladar una vid era solo el comienzo. Un viñedo se construía con tierra, conocimiento, trabajo y poder.
Esta es una historia de introducciones y nuevos comienzos, pero también de lugares que ya tenían sus propias historias.
Antes de la travesía, la tierra no estaba vacía
La llegada de las uvas viníferas europeas no fue la llegada de las primeras uvas a América. Norteamérica cuenta con especies de vid nativas; Vitis vinifera, la especie que ocupa el centro de este relato, tiene otro origen geográfico. Una vid silvestre americana y una variedad introducida de vinifera no son afirmaciones botánicas intercambiables. NPS, vides nativas
La fermentación tampoco llegó a un continente que la desconociera. En Cerro Baúl, al sur del Perú, la investigación de una instalación cervecera wari ha estudiado la elaboración de chicha con frutos de molle mucho antes de la colonización española. Es evidencia de otra bebida fermentada, no una prueba de vino precolonial de uva al estilo europeo. Field Museum, investigación sobre elaboración wari
Estas distinciones abren la historia en lugar de interrumpirla. Permiten que una planta introducida sea realmente nueva en un lugar sin hacer desaparecer las culturas que ya existían allí.
Seguiremos conexiones seleccionadas de la América española, principalmente en territorios que hoy llamamos México, Perú, Chile, Argentina y Estados Unidos. Los casos coloniales pertenecen a siglos e instituciones diferentes. No constituyen una historia completa de todas las culturas vinícolas americanas ni un viaje ininterrumpido desde un puerto español hasta una botella actual.
Al otro lado del Atlántico, el viaje continuaba
Cuando pasamos del océano al continente, una sola flecha deja de ser una buena guía.
El estudio histórico de Pablo Lacoste sigue el desarrollo de viñedos en Perú, Chile y Cuyo durante el período colonial. La producción peruana encontró mercados importantes en Lima y en el centro minero de Potosí. Mendoza, fundada por una expedición procedente de Santiago en 1561, pertenecía a la provincia colonial de Cuyo, dentro del Reino de Chile; los viñedos y las bodegas formaron parte de su desarrollo temprano. Lacoste, historia del vino sudamericano, 2004
El mapa de los países actuales puede ocultar esas conexiones. Para esta historia, un paso de montaña, un mercado o una relación administrativa pueden importar más que la frontera que nos resulta familiar.
Pero una ruta por la que se vendía vino no es automáticamente la ruta por la que llegó una vid determinada. La fundación de una población tampoco fecha por sí sola su primera vendimia. Conviene seguir tres recorridos: el traslado de una planta viva, el transporte de una bebida elaborada y la circulación de personas que sabían cultivarla y transformarla.
Por eso la travesía atlántica pertenece al comienzo de la explicación, no a su desenlace. A la planta todavía le faltaba encontrar su lugar en un paisaje de trabajo.
Parras: una misión también era una red de relaciones
En Santa María de las Parras, fundada en 1598 en el norte de Nueva España, la investigación de Katherine Moore McAllen sitúa a jesuitas y propietarios laicos dentro de una misma economía del vino. También identifica a patrocinadores españoles e indígenas tlaxcaltecas cuyas aportaciones ayudaron a dotar la iglesia jesuita de San Ignacio. Moore McAllen, investigación sobre Parras, 2019
La escena resulta más interesante que la de un misionero solitario con una vid. Instituciones religiosas, comercio, patrocinio y relaciones locales estaban entrelazados.
La presencia tlaxcalteca importa porque «indígena» no debe convertirse en sinónimo de un trabajador anónimo e intercambiable. Esta fuente concreta identifica a personas que contribuían al patrocinio. Otras fuentes, en otros lugares, describen a personas obligadas a trabajar. Ninguno de esos papeles debe borrar al otro.
La pregunta útil es, por tanto, específica: ¿quién ocupaba qué posición en esta comunidad y en este momento?
Un propietario, un donante y un cultivador pueden formar parte de la historia de un viñedo. Su participación no implica la misma autoridad, la misma libertad ni la misma proporción de sus ingresos. Identificar la relación permite comprender la institución, en lugar de limitarnos a admirar su fachada.
Un esqueje todavía tenía que convertirse en viñedo
Un pequeño proyecto fallido puede enseñarnos tanto como una fundación célebre.
El historiador Sergio Antonio Corona Páez describe el intento de Juan González de Paredes de establecer una hacienda vitivinícola cerca de Saltillo hacia 1640. Contaba con vides y equipo de elaboración, pero las heladas repetidas frustraron el proyecto. Corona Páez, relato de su investigación de archivo
No se trata de convertir un fracaso en una sentencia sobre toda una región. Se trata de advertir la distancia entre disponer de una planta y sostener una cosecha. Un viaje podía entregar material de plantación; no podía garantizar el resultado.
Más al sur, el estudio de archivo de Lacoste sobre Mendoza y San Juan describe diferentes formas de disponer las vides: parrales elevados, estructuras de soporte llamadas braceros y cepas bajas conducidas en cabeza. Su análisis incorpora a la historia del viñedo los soportes de madera, el riego y las labores que había que repetir. Lacoste, cultivo de la viña, 2010
Esos detalles permiten ver mejor una viña antigua. En lugar de imaginar una mancha verde aparecida después de una ceremonia fundacional, pensemos en las decisiones sobre dónde se sostendría el crecimiento, cómo llegaría el agua y qué volvería a necesitar atención.
Es un cambio de escala: de la persona a la que se atribuye haber traído una vid al trabajo que hacía posible la temporada siguiente.
La travesía podía ocurrir una sola vez; el cuidado tenía que continuar.

Nasca: la botija tiene una historia humana
Dejemos ahora la plantación para acercarnos a dos haciendas de viñedos de la costa peruana: San Joseph de la Nasca y San Francisco Xavier de la Nasca.
El Proyecto Arqueológico Haciendas de Nasca, o PAHN, explica que las adquisiciones jesuitas iniciadas en 1619 contribuían a financiar colegios en Lima y Cuzco. Estas propiedades se convirtieron en productoras de vino y aguardiente, con una fuerte dependencia del trabajo de africanos y afrodescendientes esclavizados. El vino formaba parte de una actividad que generaba ingresos, no solamente del abastecimiento para ceremonias religiosas. PAHN, haciendas y producción vinícola
La exposición del proyecto Nombrando a los esclavizados hace más difícil pasar por alto a esas personas. Identifica a Diego Bran y Bernal Balanta entre los ayudantes de alfareros esclavizados que figuran en un título de propiedad temprano. Más adelante, los inventarios de 1767 de ambas haciendas registraron a 584 mujeres, hombres y niños esclavizados. Esa cifra describe una población, no a 584 trabajadores adultos del viñedo. PAHN, Nombrando a los esclavizados
Detengámonos en la alfarería. Un relato limitado a las vides y las prensas perdería de vista un oficio que ayudaba a hacer posibles el almacenamiento y el transporte. También perdería a las personas cuyo conocimiento quedó registrado dentro de una institución que las trataba como propiedad.
Reconocer ese conocimiento no suaviza la esclavitud hasta convertirla en aprendizaje de un oficio o en una relación laboral ordinaria. La destreza y la coerción pueden aparecer en la misma historia. Responden a preguntas diferentes: qué sabía alguien y en qué condiciones se utilizaba ese saber.
La investigación arqueológica de Brendan Weaver mira más allá de los espacios productivos para estudiar la vida doméstica, la cerámica y las prácticas alimentarias. Identifica formas en que las personas esclavizadas expresaban y sostenían significados culturales dentro de instituciones coercitivas. Weaver, resumen de tesis doctoral, 2015
Eso no nos autoriza a inventar los pensamientos de un alfarero ni la conversación de una familia. Sí permite mirar de una manera más completa: los propietarios de la hacienda no eran las únicas personas con conocimientos, prácticas o vida cultural.
La botija pertenece a la historia del vino, y la persona que la hizo también.

California: el conocimiento viajaba con trabajadores indígenas
Más al norte, el relato habitual de las misiones cambia cuando preguntamos quién enseñaba a quién.
La historiadora Julia Ornelas-Higdon describe a franciscanos que buscaban un suministro local de vino para la eucaristía mientras obligaban a chumash y otros indígenas de California a trabajar en los viñedos. Su relato también identifica a trabajadores indígenas llevados desde las misiones de Baja California para enseñar a la población local a cultivar uvas y elaborar vino. Ornelas-Higdon, entrevista de investigación en CSUCI, 2023
El conocimiento no circulaba únicamente desde una figura religiosa europea hacia un aprendiz indígena. También lo transportaban y transmitían trabajadores indígenas con experiencia.
Es una contribución importante y merece ser nombrada sin disimular el sistema coercitivo en el que se produjo. Reconocer la destreza de quien enseñaba no demuestra que esa persona, o quien aprendía, pudiera elegir libremente las circunstancias.
Las fechas necesitan un cuidado parecido. En su reconstrucción histórica, Thomas Pinney distingue la llegada de los franciscanos en 1769 de una referencia clara a la plantación de vides en San Juan Capistrano en 1779. El comienzo institucional y el cultivo documentado son acontecimientos distintos. Pinney, cronología de las misiones de California
Una fecha fundacional cabe fácilmente en una placa. El desarrollo de un viñedo necesita más frases: abastecimiento, plantación, aprendizaje, trabajo y vendimia. Dedicarle esas frases no reduce su historia. Hace sitio a más personas dentro de ella.
Una uva, varios nombres y más de una familia
Volvamos a las etiquetas del comienzo.
Un estudio genético de 2007 sobre muestras representativas de vides históricas de América identificó Listán Prieto bajo nombres como País, Criolla Chica y Mission. También encontró Moscatel de Alejandría y descendientes distintos entre el material estudiado. Los resultados relacionan variedades y familias concretas; no convierten en una sola uva a todas las que reciben el nombre de criollas. Milla-Tapia y colaboradores, 2007
Compartir una identidad varietal es una conexión fascinante. No significa que todos los viñedos tengan la misma edad, que sus cultivadores hayan heredado las mismas prácticas o que los vinos deban saber igual.
Ese árbol familiar continúa investigándose. Un estudio publicado el 26 de junio de 2026 respalda una ascendencia de Listán Prieto y de una línea de moscatel relacionada con Manai para las muestras de Rosa del Peru tipo 2 examinadas en Baja California. Sus autores distinguen ese resultado de la atribución anterior a Moscatel de Alejandría y reconocen que hace falta ampliar el muestreo. Hernandez-Martínez y colaboradores, 2026
Es un hallazgo sobre material vegetal concreto, no una historia sustitutiva de todas las uvas americanas. Las relaciones genéticas pueden sugerir preguntas a los historiadores; por sí solas no identifican un barco, un pasajero ni una travesía determinada.
Para quien disfruta del vino, la recompensa no es una leyenda más sencilla. Es el placer de descubrir que los nombres familiares pueden contener relaciones que no habíamos advertido, y que esas relaciones siguen dejando espacio para historias locales diferentes.
Cuatro preguntas para volver a la botella
La curiosidad histórica resulta especialmente útil cuando nos ayuda a preguntar mejor en el presente. Esta es una guía editorial de lectura, no una prueba que autentique un viñedo o puntúe un vino.
La planta: ¿qué se ha identificado realmente? Pregunta por el nombre de la variedad y por la base de su identificación histórica. «Una uva tradicional de la zona» y «una muestra identificada genéticamente» tienen grados de precisión distintos. Pertenecer a una familia no equivale a ser la misma variedad.
El lugar: ¿qué continuidad se está afirmando? La antigüedad de una propiedad, la historia de una variedad en una región y la edad de las vides vivas necesitan explicaciones separadas. Una fecha fundacional antigua no demuestra las tres cosas. Pregunta qué parte del relato está documentada.
Las personas: ¿de quién vemos el trabajo? Mira más allá del fundador hacia viticultores, trabajadores de bodega, artesanos y comunidades. Pregunta si la historia distingue la propiedad del conocimiento y si nombra la coerción cuando la evidencia lo exige. Se trata de comprender, no de añadir una anécdota humana como adorno.
La botella actual: ¿qué ha elaborado este productor? Regresa al vino concreto, a su lugar, su añada y sus decisiones de elaboración. Deja espacio para tu propia respuesta. Una conexión histórica puede aumentar el interés sin obligarte a disfrutar de un sabor ni a conceder una puntuación más alta.
Esa es la curiosidad que el Cellar Journal de Ask Sommelier AI busca fomentar: seguir un nombre lo suficiente como para aprender algo y regresar a la copa con más atención, en lugar de un veredicto decidido de antemano.
Deja que la historia enriquezca tus preguntas, no que sustituya tu experiencia.

La historia también pertenece a comunidades vivas
Las personas de estos relatos no son simplemente una reserva de detalles para las narraciones actuales sobre vino.
El trabajo de Weaver, Miguel Fhon Bazán y Lady Santana Quispe sobre el patrimonio de Nasca describe una investigación arqueológica desarrollada en consulta y colaboración con comunidades descendientes de las poblaciones esclavizadas de las haciendas. La conversación continúa más allá del archivo y la excavación. Weaver, Fhon Bazán y Santana Quispe, 2022
Es un recordatorio útil sobre nuestro papel como lectores. Aprender un nombre es un comienzo, no una forma de apropiarnos de un pasado ajeno. Podemos seguir la investigación, reconocer sus límites y prestar atención a las comunidades que participan en interpretarlo.
Una historia puede volverse más accesible sin convertirse por ello en algo que nos corresponda reducir a un eslogan.
De vuelta a la copa
Las dos etiquetas del comienzo invitan ahora a hacer otras preguntas. No solamente «¿de dónde vino esta uva?», sino «¿cómo llegó a formar parte de este lugar y de quién fue el trabajo que lo hizo posible?».
La travesía atlántica sigue siendo importante. También lo son los actos menos espectaculares que un relato de origen puede dejar fuera: mantener una viña, transmitir conocimiento, modelar un recipiente y sostener una vida en circunstancias desiguales.
No tenemos que convertir esa historia en una nota de cata. Comprenderla merece la pena por sí mismo.
Una vid puede cruzar un océano. Una cultura del vino la construyen las personas.
En la próxima entrega: La filoxera: el insecto que obligó a reinventar el viñedo. Pasaremos de la circulación de las vides a una crisis que cambió las preguntas que los viticultores tenían que hacerse sobre ellas.
Preguntas que vale la pena hacerse
¿Los europeos trajeron las primeras uvas a América?
No. Ya existían especies de vid nativas de América. Introducir Vitis vinifera es distinto de introducir la primera planta de uva, y ninguna de esas afirmaciones establece el comienzo de toda fermentación. NPS, vides nativas Field Museum, investigación sobre elaboración wari
¿País, Mission y Criolla Chica son la misma variedad?
Son nombres asociados a Listán Prieto en la investigación genética citada. Eso no convierte en idénticas a todas las uvas criollas ni establece la identidad de cada viñedo particular sin comprobar su material vegetal. Milla-Tapia y colaboradores, 2007
¿El vino colonial se elaboraba solamente para la misa?
No. El vino y el aguardiente de las haciendas de Nasca contribuían a financiar colegios jesuitas, mientras que el estudio de Parras sitúa a participantes religiosos y laicos dentro de una economía comercial del vino. La propiedad religiosa y la producción comercial podían coexistir. PAHN, haciendas y producción vinícola Moore McAllen, investigación sobre Parras, 2019
¿Los misioneros realizaban todo el cultivo y la elaboración?
No. El relato de California identifica trabajo y enseñanza indígenas, y la investigación de Nasca documenta trabajadores africanos y afrodescendientes esclavizados. Son historias específicas, no un único sistema laboral uniforme para toda América. Ornelas-Higdon, entrevista de investigación en CSUCI, 2023 Weaver, resumen de tesis doctoral, 2015
¿El ADN puede revelar la ruta exacta de una uva?
La evidencia genética puede respaldar identidades y parentescos. Identificar un viaje histórico concreto requiere además evidencia histórica. El estudio de 2026 sobre Rosa del Peru distingue sus resultados genómicos de una hipótesis propuesta sobre transporte. Hernandez-Martínez y colaboradores, 2026
¿Una uva patrimonial garantiza un vino que sabe a la antigüedad?
La identidad varietal no ofrece esa garantía. Un resultado genético se refiere al material vegetal examinado, no a la recuperación de una experiencia de cata colonial. Pregunta por separado por el productor, el viñedo, la añada y el vino actuales. Milla-Tapia y colaboradores, 2007
Fuentes y lecturas para profundizar
Investigación consultada el 6 de octubre de 2026. Se conservan los títulos originales para identificar las fuentes. Las notas distinguen pasajes completos, resúmenes y entrevistas; las fuentes no avalan esta publicación.
R01 — U.S. National Park Service. Native Grapes. Undated institutional page. Contexto botánico: las especies de vid nativas son distintas de la introducción de Vitis vinifera.
R02 — Field Museum. The secret to a stable society? A steady supply of beer doesn’t hurt.. 18 April 2019. Relato institucional de la investigación en Cerro Baúl; no se accedió de forma independiente al artículo científico completo.
R03 — Alejandra Milla-Tapia, José Antonio Cabezas, Félix Cabello, Thierry Lacombe, José Miguel Martínez-Zapater, Patricio Hinrichsen and María Teresa Cervera. Determining the Spanish Origin of Representative Ancient American Grapevine Varieties. 2007 · American Journal of Enology and Viticulture 58(2):242–251. DOI: 10.5344/ajev.2007.58.2.242. Resumen y ficha bibliográfica consultados en la Universidad de La Rioja; no se accedió al texto completo.
R04 — Pablo Lacoste. La vid y el vino en América del Sur: el desplazamiento de los polos vitivinícolas (siglos XVI al XX). 2004 · Universum 19(2):62–93. DOI: 10.4067/S0718-23762004000200005. Secciones seleccionadas de historia colonial; no se utilizan clasificaciones actuales ni totales productivos reconstruidos.
R05 — Katherine Moore McAllen. Jesuit Winemaking and Art Production in Northern New Spain. 2019 · Journal of Jesuit Studies 6(2):294–314. DOI: 10.1163/22141332-00602006. Resumen consultado en el repositorio universitario; no se accedió al artículo completo.
R06 — Sergio Antonio Corona Páez. Itinerario de una tesis. Acequias 23 · Universidad Iberoamericana Torreón · web publication date not established. Relato del investigador sobre su trabajo, no un documento original de la hacienda inspeccionado de forma independiente.
R07 — Pablo Lacoste. Parrales, braceros y cepas de cabeza: el arte de cultivar la viña en Mendoza y San Juan (1561–1869). 2010 · Historia 43(1):5–40. DOI: 10.4067/S0717-71942010000100001. Prácticas históricas de cultivo; braceros se refiere aquí a un sistema de conducción.
R08 — Proyecto Arqueológico Haciendas de Nasca (PAHN). Haciendas of Nasca Archaeological Project — PAHN; Wine and Brandy. Undated project webpage. Presentación del proyecto sobre sus sitios de investigación y su contexto productivo.
R09 — Proyecto Arqueológico Haciendas de Nasca (PAHN). Naming the Enslaved: Nasca Hacienda Inventories. Undated digital exhibition; records discussed include 1619/1620 and 1767. Interpretación digital de documentos de archivo; no se transcribieron de forma independiente los manuscritos originales.
R10 — Brendan Joseph McKinney Weaver. “Fruit of the Vine, Work of Human Hands”: An Archaeology and Ethnohistory of Slavery on the Jesuit Wine Haciendas of Nasca, Peru. 2015 · PhD dissertation, Vanderbilt University. Resumen de la tesis consultado; no se accedió a la tesis completa.
R11 — California State University Channel Islands, featuring historian Julia Ornelas-Higdon. CSUCI History faculty member celebrates the forgotten force behind the California wine industry with new book. 13 November 2023. Entrevista institucional leída mediante su texto indexado; no se consultó el libro completo.
R12 — Thomas Pinney. A History of Wine in America: From the Beginnings to Prohibition. 1989 · University of California Press. Pasajes y notas seleccionados de historia misional, no el libro completo ni la correspondencia original.
R13 — Rufina Hernandez-Martínez and colleagues. A “mission” to uncover: genomic evidence supports the hybrid origin of Rosa del Peru, a patrimonial grape of the Americas. 26 June 2026 · Genetic Resources and Crop Evolution 73, article 221. DOI: 10.1007/s10722-026-02852-2. El resultado se limita al material examinado; la historia de transporte propuesta no es un itinerario confirmado.
R14 — Brendan J. M. Weaver, Miguel A. Fhon Bazán and Lady Santana Quispe. Heritage and the Archaeology of Afro-Peru: Community Engagement in the Valleys of Nasca. 9 March 2022 · Historical Archaeology 56:131–152. DOI: 10.1007/s41636-021-00309-0. Resumen del editor consultado; no se accedió al artículo completo.