Un vino blanco frío llega a la mesa.
Al principio parece casi silencioso: color pálido, fruta contenida, una línea de cítricos. Después aparece otra impresión. Algo parecido al pedernal después de una chispa. Un rastro de aire marino. El recuerdo seco de la tiza. Quizás una sensación fresca y pétrea que permanece cuando la fruta ya se ha ido.
Alguien lo llama mineral.
La palabra parece acertada de inmediato y, al mismo tiempo, científicamente incompleta.
En nuestro artículo anterior del Cellar Journal seguimos el aroma del vino desde la uva hasta la fermentación, la crianza y la botella. Esta vez tomaremos uno de los descriptores más evocadores del vino para hacer una pregunta más difícil:
Cuando un vino nos recuerda a piedra, sal, tiza o mar, ¿qué estamos percibiendo realmente y qué estamos deduciendo?
La idea central: la mineralidad no es una sola sustancia dentro del vino ni un sorbo de roca madre. Es un patrón sensorial que puede construirse mediante aroma, acidez, sal, amargor, textura, contraste y expectativa. La descripción puede ser útil aunque la historia geológica que suele acompañarla sea demasiado sencilla.
Una palabra que carga con dos afirmaciones diferentes
La mayoría de los descriptores del vino hacen una afirmación modesta.
Cuando describes un vino como cítrico, dices que su aroma o sabor te recuerda al limón. No afirmas que hubiera limoneros en el viñedo ni que moléculas de limón viajaran a través de la vid.
Mineral suele hacer más.
Puede describir una impresión sensorial: pedernal, tiza, salinidad, acero, piedra o tensión. Al mismo tiempo, puede insinuar una causa: caliza, pizarra, granito, basalto, roca volcánica, sedimento marino u otra característica del viñedo.
Conviene separar ambas afirmaciones.
La primera pregunta:
¿A qué huele o cómo se siente el vino?
La segunda:
¿Por qué huele o se siente así?
Un catador puede hacer una observación sensorial útil y, aun así, excederse al explicar su causa.
Esa distinción permite comprender la mineralidad sin romantizarla ni descartarla.
Una palabra real con un objeto sensorial borroso
La mineralidad no es imaginaria simplemente porque las personas no estén de acuerdo sobre ella.
Pero el desacuerdo es considerable.
En un estudio con 16 Chardonnay de Borgoña, 34 profesionales del vino calificaron la mineralidad por vía olfativa y en boca, mientras un panel entrenado describía los vinos por separado. Los expertos mostraron fuertes discrepancias sobre cuáles eran más minerales, aunque sus definiciones escritas regresaban repetidamente a tres familias amplias: referencias a piedra, acidez o frescura y elementos relacionados con el mar (Ballester et al., 2013).
El resultado es revelador.
Los expertos pueden compartir un vocabulario sin aplicarlo al mismo vino de la misma manera.
Otro estudio, que comparó profesionales de la industria con un panel descriptivo entrenado, relacionó la mineralidad con distintas señales: sabor ácido; aromas cítricos, frescos, de piedra mojada, químicos, reductivos, calcáreos y herbáceos; amargor; y menor expresión de ciertos caracteres mantecosos, de roble, caramelo o fruta intensa (Heymann, Hopfer y Bershaw, 2014).
Incluso la cultura puede cambiar el patrón. Profesionales franceses y neozelandeses que evaluaron los mismos Sauvignon Blanc no siempre utilizaron la misma información sensorial y química al juzgar su carácter mineral (Parr et al., 2015; Parr et al., 2016).
De ahí surge una conclusión prudente:
La mineralidad no es una sensación calibrada de forma universal. Es un parecido de familia.
Distintos vinos pueden entrar en esa familia por puertas diferentes.
La roca no viaja intacta hasta la copa
La explicación más literal de la mineralidad suena maravillosamente directa:
La vid crece sobre caliza, pizarra, granito, basalto o tiza. Las raíces absorben la roca. El vino sabe al lugar.
El problema no es que el suelo y la geología sean irrelevantes.
El problema es la ruta propuesta.
Los minerales geológicos son compuestos cristalinos estructurados. Las raíces no absorben fragmentos diminutos de caliza o pizarra para transportar su sabor intacto hasta la uva. Absorben agua e iones disueltos mediante procesos biológicamente regulados. Esos iones pueden ser esenciales para la vid, pero no son lo mismo que la roca madre ni conservan su identidad sensorial durante el recorrido hasta el vino.
El geólogo Alex Maltman explicó esta distinción con claridad: los elementos minerales medidos en el vino son nutrientes e iones, solo lejanamente relacionados con los complejos minerales geológicos de las rocas del viñedo. Sus concentraciones y relevancia sensorial no respaldan la historia sencilla de que el sabor de la roca madre se transporta hasta la copa (Maltman, 2013).
Eso tampoco justifica el eslogan opuesto: los minerales nunca importan.
En el vino pueden existir sodio, potasio, magnesio, calcio, hierro, cobre, cloruros y compuestos que contienen azufre. Algunos pueden influir directamente en el gusto, catalizar reacciones o participar en rutas aromáticas bajo determinadas condiciones. Una revisión interdisciplinaria reciente sostiene que ciertos iones minerales y compuestos azufrados pueden coincidir con concentraciones sensorialmente relevantes, mientras reconoce que la mayoría de los estudios no han encontrado una relación positiva sencilla entre la mineralidad percibida y la concentración de minerales en el vino, ni una transferencia clara entre el perfil mineral del suelo y el del vino (Tai y Kostaki, 2025).
El debate exige precisión, no un nuevo absoluto.
Una conclusión más cuidadosa: algunos iones inorgánicos y compuestos azufrados pueden participar en sensaciones saladas, amargas, metálicas, reductivas o de pedernal en casos concretos. Eso no equivale a saborear caliza, pizarra o granito procedentes del viñedo.
El suelo sí importa, pero no funciona como un condimento

Rechazar una vía literal de la roca al vino no convierte el terroir en algo irrelevante.
El suelo puede moldear profundamente un vino, pero suele hacerlo a través de la vid viva.
Una revisión amplia sobre los factores edáficos del terroir identifica tres vías especialmente importantes: temperatura en la zona radicular, disponibilidad de agua y suministro mineral o nutricional. Estos factores influyen en la fenología, el crecimiento de la vid, el desarrollo de la baya, la acidez, los fenoles y los compuestos aromáticos o sus precursores (van Leeuwen, Roby y de Rességuier, 2018).
Una investigación de campo en viñedos suizos mostró que la fertilidad y la profundidad de enraizamiento modificaban el estado nitrogenado de la vid, relacionado a su vez con la composición de la uva y diferencias sensoriales en vinos elaborados de forma estandarizada (Reynard et al., 2011). Otro trabajo experimental encontró que manipular el estado de fósforo de la vid produjo diferencias detectables en apariencia, aroma, sabor y gusto en varias variedades y parcelas (Skinner et al., 2019).
Estos estudios no prueban que una persona pueda reconocer por sabor un suelo o una roca con nombre propio.
Demuestran algo más plausible y más interesante:
el suelo cambia las condiciones en las que vive la vid; la vid cambia la fruta; la fruta cambia la fermentación; y el vino resultante puede conservar consecuencias sensoriales.
El suelo actúa menos como un condimento espolvoreado en la copa y más como parte de la arquitectura dentro de la cual el vino llegó a ser posible.

La mineralidad es un acorde, no una sola nota
Si la mineralidad no es un compuesto único ni un sabor geológico, ¿qué puede producir esa impresión?
La evidencia apunta hacia varios canales sensoriales que se superponen.
Ninguno es obligatorio en todos los vinos. Ninguna combinación funciona como fórmula universal.
Pero juntos explican por qué la palabra sigue viva.
1. Pedernal, fósforo encendido, humo y otros aromas relacionados con el azufre
Algunos vinos descritos como minerales presentan un filo aromático que recuerda a pedernal, fósforo recién encendido, humo de pólvora, marisco o una reducción tenue.
Estas impresiones pueden involucrar compuestos azufrados extremadamente potentes, no piedra del viñedo.
En Chablis, unos investigadores encontraron que los vinos calificados como más minerales por vía olfativa en una de las condiciones experimentales contenían más metanotiol, un compuesto volátil de azufre asociado en ese trabajo con un aroma parecido al marisco y con menor expresión de fruta y flores. La relación apareció en la evaluación ortonasal, pero no se mantuvo de forma consistente durante la cata completa; esa limitación es importante (Rodrigues et al., 2017).
Una investigación más reciente sobre Chardonnay de Australia y Nueva Zelanda combinó análisis químico, evaluación sensorial entrenada, prueba con consumidores y un experimento de adición de odorantes. En ese contexto, el tiol 2-furilmetanotiol dirigió fuertemente los aromas de pedernal, fósforo y mineralidad; el fenilmetanotiol desempeñó un papel menor a las concentraciones estudiadas (Espinase Nandorfy et al., 2023).
Eso no significa que todo vino con carácter de pedernal tenga el mismo perfil causal.
Tampoco que toda nota azufrada sea deseable.
Importan la concentración, la matriz del vino, la exposición al oxígeno, el tiempo y la preferencia individual. La misma familia puede sentirse como una complejidad contenida para una persona y como una reducción molesta para otra.
La nota de cata disciplinada no dice:
“Percibo pedernal; por tanto, las vides crecieron sobre pedernal.”
Dice:
“El vino muestra una impresión aromática de pedernal o fósforo; los compuestos azufrados son una explicación plausible.”
2. Acidez, frescura y sensación de tensión
Los vinos minerales suelen describirse como brillantes, lineales, tensos, eléctricos o salivantes.
Esas palabras viajan con frecuencia junto a la acidez.
Varios estudios sensoriales han encontrado relaciones positivas entre los juicios de mineralidad y el gusto ácido, la acidez titulable, el ácido málico o el tartárico en determinados conjuntos de vinos (Heymann, Hopfer y Bershaw, 2014). En el estudio de Borgoña, un grupo de expertos relacionó la mineralidad en boca con la acidez, mientras otro la vinculó más con el amargor (Ballester et al., 2013).
La relación, sin embargo, no es universal. En el estudio intercultural de Sauvignon Blanc, la percepción ácida no predijo de forma consistente la mineralidad en todas las condiciones ni en todos los grupos (Parr et al., 2015).
La acidez puede sostener una impresión mineral.
No puede definirla por sí sola.
De lo contrario, todo vino de elevada acidez sería mineral, y no lo es.
3. Salinidad verdadera
A veces salino puede ser más literal que pétreo.
La Organización Internacional de la Viña y el Vino señala que los niveles de sodio y cloruros suelen ser bajos, pero pueden elevarse en vinos procedentes de viñedos cercanos al mar, sobre subsuelos salobres o en terrenos áridos regados con agua salina (OIV, OIV-MA-D1-03).
Los experimentos sensoriales controlados han mostrado que el cloruro de sodio puede detectarse en mosto y vino a concentraciones que pueden quedar dentro de límites regulatorios. En muestras de Chardonnay, mayores niveles de sodio y cloruros se asociaron con atributos salados y jabonosos y con menor expresión frutal (de Loryn et al., 2014).
Por tanto, sí: puede existir un gusto realmente relacionado con la sal.
Pero hay tres límites importantes:
- Una sensación salada no identifica automáticamente su causa química.
- Un nivel elevado de sodio o cloruros no garantiza que todos describan el vino como mineral.
- Un viñedo costero no garantiza un vino salino, y un vino salino no demuestra por sí solo que procede de la costa.
Salino suele ser más preciso que mineral cuando la sensación principal es verdaderamente salada.
La precisión no reduce la poesía.
La vuelve confiable.
4. Tiza, sequedad, amargor y textura
No toda impresión mineral comienza en el aroma o el gusto.
Algunos vinos se sienten calcáreos, polvorientos, secos, firmes, de grano fino o casi eléctricos sobre el paladar. El catador puede utilizar mineral para comprimir toda esa experiencia táctil en una palabra.
Los estudios con vinos de Borgoña y otros blancos relacionaron la mineralidad con combinaciones de carácter calcáreo, amargor, acidez, frescura y otras señales de textura, no con un sabor único y aislado (Ballester et al., 2013; Heymann, Hopfer y Bershaw, 2014).
Aquí el lenguaje se vuelve especialmente metafórico.
Un vino puede sentirse calcáreo sin contener tiza perceptible. Puede parecer acerado sin ofrecer evidencia de acero. Puede mostrar tensión aunque la tensión no sea un receptor gustativo.
Estas palabras no son inútiles.
Son intentos de comunicar estructura.
El error aparece cuando una metáfora táctil se convierte en una medición geológica.
5. Expectativa, contraste y lo que el vino no está mostrando

La percepción nunca llega sin contexto.
Un vino con fruta contenida, frescura elevada, un matiz azufrado y final seco puede llamarse mineral, en parte, porque ninguna fruta domina el encuadre.
La etiqueta también puede cambiar lo que notamos.
En un estudio de 2024, 20 expertos evaluaron 20 Riesling alemanes primero sin información y después con el tipo de suelo como pista externa. La información modificó las calificaciones sensoriales, incluso en términos vinculados a mineralidad como tierra, tiza, mar, pedernal y sal. Hasta un vino de control compuesto fue percibido de manera diferente al presentarlo con etiquetas de suelo distintas (Nguyen et al., 2024).
Eso no prueba que toda referencia a pizarra o caliza sea imaginaria.
Demuestra que la expectativa puede integrarse al sistema de cata.
La cultura también importa. Profesionales franceses y neozelandeses que cataron los mismos vinos utilizaron información sensorial y composicional parcialmente distinta al asignar carácter mineral (Parr et al., 2016).
Lo que percibimos está moldeado por el vino.
La palabra que elegimos también está moldeada por lo que aprendimos a esperar.
Un debate científico vivo, no un eslogan resuelto
Las conversaciones sobre mineralidad suelen obligarnos a escoger entre dos bandos:
- Estás saboreando el suelo.
- La mineralidad no existe.
La evidencia no respalda ninguno de esos eslóganes en esa forma.
La transferencia literal del sabor de la roca del viñedo no es una explicación defendible. Al mismo tiempo, los catadores utilizan de manera repetida vocabulario mineral para patrones que incluyen aromas azufrados, acidez, salinidad, amargor, textura calcárea, fruta contenida y expectativa contextual. Algunos iones pueden aportar de forma directa o indirecta en casos determinados; otras impresiones surgen de compuestos orgánicos volátiles, estructura o cognición.
También se ha intentado modelar estadísticamente la mineralidad a partir de variables químicas y sensoriales, pero esos modelos dependen de los vinos, los paneles y las definiciones utilizados. No constituyen una fórmula química universal (Zaldívar Santamaría, Molina Dagá y Palacios García, 2019).
Entre productores de Chablis, las ideas sobre cómo crear o conservar un estilo mineral varían según la filosofía de producción. Las entrevistas no revelaron una receta demostrada, sino modelos profesionales diferentes sobre cómo las decisiones del viñedo y la bodega podrían realzar o enmascarar ese estilo (Rodrigues et al., 2022).
Por eso conviene tratar la mineralidad como una categoría sensorial disciplinada, no como una huella química.
Sustituye el paraguas por el clima que hay debajo
La palabra mineral es más útil cuando inicia la descripción, no cuando la termina.
Pregunta qué hay debajo.
| Si percibes… | Lenguaje sensorial más preciso | Contribuyentes plausibles | Lo que no demuestra |
|---|---|---|---|
| Pedernal, fósforo, humo de pólvora | Azufrado, ahumado, pedernal, reductivo | Compuestos azufrados potentes; contexto redox y de elaboración | Suelo de pedernal, pizarra o roca volcánica |
| Piedra mojada o piedra fresca | Pétreo, contenido, poca fruta, fresco | Contraste aromático; azufre; acidez; metáfora aprendida | Sabor de roca disuelta del viñedo |
| Salinidad o aire marino | Salado, salobre, marino, parecido a concha o marisco | Sodio o cloruros en algunos vinos; azufre volátil; interacción gusto-aroma | Procedencia costera por sí sola |
| Final calcáreo | Seco, polvoriento, de grano fino, amargo, táctil | Acidez, fenoles, amargor e interacciones de textura | Suelo calizo por sí solo |
| Acerado o eléctrico | Alta acidez, lineal, firme, de tono fresco | Acidez, poca dulzura, fruta contenida, contraste estructural | Alto contenido de hierro o acero |
| “Tensión” mineral | Acidez persistente, final seco, trayectoria estrecha del sabor | Estructura y secuencia temporal en boca | Un solo compuesto o una sola causa del viñedo |
El objetivo no es prohibir la palabra.
Es hacer que se gane su lugar.
La nota mineral en cinco preguntas
Cuando un vino te parezca mineral, sigue esta secuencia.
1. ¿Dónde lo percibes?
¿Aparece principalmente:
- en el aroma antes de probar?
- como gusto sobre la lengua?
- como textura o sequedad?
- en el final?
- o como impresión global después de combinarse todo?
La ubicación importa porque aroma de pedernal, gusto salado y textura calcárea no son la misma señal.
2. ¿Qué descriptor directo puede sustituir “mineral”?
Prueba una o dos palabras específicas:
- pedernal
- fósforo recién encendido
- piedra mojada
- salino
- salobre
- calcáreo
- acerado
- amargo
- seco
- tenso
Puedes conservar mineral como categoría general, pero el descriptor directo le da contenido.
3. ¿Qué señales estructurales sostienen la impresión?
Observa:
- acidez
- dulzor o sequedad
- amargor
- intensidad de fruta
- calor alcohólico
- agarre fenólico
- persistencia
La impresión mineral suele surgir de las relaciones entre estas características.
4. ¿Cuánta confianza tienes en la percepción?
Indica si la impresión es:
- tenue
- moderada
- pronunciada
- estable con aire
- más débil a medida que el vino se calienta
- más intensa en nariz que en boca
Eso vuelve la nota repetible.
5. ¿Qué no te permite concluir esa observación?
Evita utilizar el descriptor para deducir, sin otras evidencias:
- el tipo exacto de suelo
- una formación rocosa específica
- cercanía al mar
- una sola técnica de elaboración
- calidad superior
- autenticidad o pureza del terroir
Una nota completa podría decir:
Pedernal y un matiz marino tenue en nariz, con acidez alta, ligera sensación salina y final seco de textura calcárea. El patrón sensorial es claro; no se deduce una causa geológica específica.
Esa nota dice más que mineral.
También afirma menos que puedo saborear la caliza.
No es prudencia por la prudencia misma.
Es una mejor forma de catar.
Cómo explorar la mineralidad sin dejar que la etiqueta responda primero
Prepara una pequeña cata comparativa.
Elige dos o tres blancos secos que suelen describirse como minerales: quizás Chablis, Muscadet, Riesling seco, Assyrtiko, Etna Bianco, Sancerre o un Chardonnay sobrio de clima fresco. Son ejemplos de estilos asociados con ese vocabulario, no garantías de que todas las botellas muestren el mismo patrón.
Sírvelos a la misma temperatura, en copas idénticas y sin revelar las etiquetas.
Registra cinco líneas para cada vino:
- Aroma: ¿pedernal, humo, concha, piedra, cítricos, fruta, hierbas o nada de eso?
- Gusto: ¿ácido, salado, amargo, dulce o neutro?
- Textura: ¿calcárea, suave, oleosa, seca o de grano fino?
- Final: ¿corto, salino, cítrico, ahumado o persistente?
- Mineralidad: solo después de las cuatro líneas anteriores, ¿utilizarías la palabra?
Después revela las botellas y lee las descripciones del productor.
Observa si las palabras pizarra, caliza, volcánico, costa o altitud cambian la forma en que reinterpretas la copa.
El ejercicio no busca avergonzarte por recibir influencias.
La influencia forma parte de la percepción.
El objetivo es descubrir cuándo entra.
Por qué esta distinción importa para Ask Sommelier AI
Una recomendación útil no debería decirle a alguien que “saborea caliza” simplemente porque una base de datos o una etiqueta relacionan el vino con un suelo calizo.
Debe separar:
- la evidencia sensorial presente en el vino;
- los posibles contribuyentes químicos y estructurales;
- los hechos verificados sobre el viñedo;
- y la confianza de cualquier relación entre ellos.
Para quien disfruta de blancos de acidez elevada, fruta contenida, aromas de pedernal y final seco, mineral puede funcionar como una señal de preferencia eficiente.
Pero la recomendación se vuelve más personal y precisa cuando esa señal se descompone:
¿Disfrutas el matiz azufrado? ¿La acidez? ¿La salinidad? ¿La textura calcárea? ¿La ausencia de fruta exuberante? ¿O la manera en que todo llega junto?
Ask Sommelier AI se construye sobre esa distinción: preservar el lenguaje del bebedor y después volverlo más preciso sin borrar el paladar que existe detrás.
Preguntas frecuentes
¿La mineralidad del vino es real?
Las experiencias sensoriales agrupadas bajo mineralidad son reales, pero el término no señala una única sensación aceptada por todos ni un solo compuesto químico. Distintos catadores pueden utilizarlo para aroma de pedernal, acidez, salinidad, amargor, textura calcárea, contención frutal o una combinación.
¿Se puede saborear la caliza, la pizarra o el granito en el vino?
La evidencia actual no respalda la idea literal de que el sabor de una roca intacta viaje por las raíces hasta la uva y el vino. El suelo puede influir en la fisiología de la vid, la composición de la fruta y el estilo mediante agua, temperatura, nutrientes, enraizamiento y otras interacciones. Eso es diferente de saborear la roca misma.
¿Un vino salado procede de un viñedo costero?
No necesariamente. El sodio y los cloruros pueden ser más altos en determinados entornos costeros, salobres o regados con agua salina, y la sal puede resultar sensorialmente relevante en algunos vinos. Pero una sensación salada no basta para identificar el lugar y la cercanía al mar no garantiza salinidad perceptible.
¿El aroma de pedernal o fósforo es un defecto?
Depende de su intensidad, contexto y preferencia. Una expresión baja o moderada puede aportar complejidad a determinados Chardonnay y otros blancos. Cuando domina, los aromas azufrados pueden ocultar la fruta o resultar molestos. El descriptor no constituye por sí mismo un veredicto de calidad.
¿Los vinos minerales son mejores?
Ningún descriptor garantiza calidad. La mineralidad suele utilizarse en contextos positivos o premium, pero siguen importando el equilibrio, la claridad, la complejidad, la longitud, la tipicidad, el estado del vino y la preferencia personal. Un vino puede ser excelente sin llamarse mineral y la palabra no puede rescatar un vino desequilibrado.
La piedra está en la memoria, no necesariamente en el vino
Regresa a la copa fría.
La impresión de pedernal puede estar transportada por un compuesto azufrado. La frescura puede estar afilada por la acidez. La nota salina puede ser un gusto verdadero o parte de un patrón más amplio de aroma y sabor. La sensación calcárea puede ser táctil. La palabra mineral también puede haber estado esperando en tu mente desde que viste el suelo del viñedo en la etiqueta.
Nada de eso convierte la experiencia en falsa.
La vuelve estratificada.
Un vino puede recordarte a piedra sin contener el sabor de una piedra. Puede transportar el viñedo sin servirlo como ingrediente. Puede estar moldeado por el suelo sin funcionar como una muestra geológica.
La copa todavía puede sentirse como pedernal, sal, tiza o el aire frío sobre una roca mojada.
Vale la pena registrarlo.
El error comienza únicamente cuando obligamos a la metáfora a convertirse en análisis mineral.
Referencias y lecturas complementarias
- Maltman, A. (2013). Minerality in wine: a geological perspective. Journal of Wine Research, 24(3), 169–181. https://doi.org/10.1080/09571264.2013.793176
- Ballester, J., Mihnea, M., Peyron, D. y Valentin, D. (2013). Exploring minerality of Burgundy Chardonnay wines: a sensory approach with wine experts and trained panellists. Australian Journal of Grape and Wine Research, 19(2), 140–152. https://doi.org/10.1111/ajgw.12024
- Heymann, H., Hopfer, H. y Bershaw, D. (2014). An Exploration of the Perception of Minerality in White Wines by Projective Mapping and Descriptive Analysis. Journal of Sensory Studies, 29(1), 1–13. https://doi.org/10.1111/joss.12076
- Parr, W. V., Ballester, J., Peyron, D., Grose, C. y Valentin, D. (2015). Perceived minerality in Sauvignon wines: Influence of culture and perception mode. Food Quality and Preference, 41, 121–132. https://doi.org/10.1016/j.foodqual.2014.12.001
- Parr, W. V. et al. (2016). Perceived minerality in Sauvignon Blanc wine: Chemical reality or cultural construct? Food Research International, 87, 168–179. https://doi.org/10.1016/j.foodres.2016.06.026
- Rodrigues, H. et al. (2017). Sensory and chemical drivers of wine minerality aroma: An application to Chablis wines. Food Chemistry, 230, 553–562. https://doi.org/10.1016/j.foodchem.2017.03.036
- Espinase Nandorfy, D. et al. (2023). The Role of Potent Thiols in “Empyreumatic” Flint/Struck-Match/Mineral Odours in Chardonnay Wine. Australian Journal of Grape and Wine Research. https://doi.org/10.1155/2023/8847476
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- van Leeuwen, C., Roby, J.-P. y de Rességuier, L. (2018). Soil-related terroir factors: a review. OENO One, 52(2), 173–188. https://doi.org/10.20870/oeno-one.2018.52.2.2208
- Reynard, J.-S., Zufferey, V., Nicol, G.-C. y Murisier, F. (2011). Soil parameters impact the vine-fruit-wine continuum by altering vine nitrogen status. OENO One, 45(4). https://doi.org/10.20870/oeno-one.2011.45.4.1502
- Skinner, P. W., Ishii, R., O’Mahony, M. y Matthews, M. (2019). Sensory attributes of wines made from vines of differing phosphorus status. OENO One, 53(2). https://doi.org/10.20870/oeno-one.2019.53.2.2421
- Nguyen, T. H., Zimmermann, D., Müller, J. y Durner, D. (2024). Soil types as extrinsic cues differentially shape sensory perception of German Riesling wine. OENO One, 58(4). https://doi.org/10.20870/oeno-one.2024.58.3.7918
- Rodrigues, H., Valentin, D., Otheguy, M. y Ballester, J. (2022). How to make a mineral wine? Relationship between production type in the Chablis vineyard and the search for a mineral wine style. OENO One, 56(2). https://doi.org/10.20870/oeno-one.2022.56.2.4856
- Zaldívar Santamaría, E., Molina Dagá, D. y Palacios García, A. T. (2019). Statistical Modelization of the Descriptor “Minerality” Based on the Sensory Properties and Chemical Composition of Wine. Beverages, 5(4), 66. https://doi.org/10.3390/beverages5040066
- Tai, H.-C. y Kostaki, E. (2025). The science of minerality. RSC Advances, 15, 40245–40251. https://doi.org/10.1039/D5RA06531C
- Biss, A. J. y Ellis, R. H. (2024). Minerality in Wine: Textual Analysis of Chablis Premier Cru Tasting Notes. Australian Journal of Grape and Wine Research. https://doi.org/10.1155/2024/4299446