El vino aprende a viajar: ánforas, puertos y rutas del Mediterráneo

Ánforas, naufragios y puertos revelan cómo viajaron el vino, las vides y el conocimiento por el Mediterráneo. Una historia contada desde la evidencia.

Réplica moderna de un ánfora de transporte sobre una base sobria, con luz que destaca la arcilla y las asas.

Imagina que te detienes ante un ánfora en un museo. La cartela indica un lugar, una fecha y quizá el nombre de un naufragio. Detrás del cristal, el barro parece guardar silencio.

Empiezas a pensar en el líquido que pudo haber contenido. Después se multiplican las preguntas. ¿Quién hizo el recipiente? ¿Quién lo llenó? ¿Cómo llegó a otra costa? ¿Alguien se limitó a beber su contenido o comenzó también a cultivar uvas?

En el artículo anterior del Cellar Journal, una pepita y un esqueje nos ayudaron a separar la historia de la planta de la historia de la bebida. Ahora la pregunta sale del viñedo.

El vino cruzó el Mediterráneo gracias al trabajo de agricultores, alfareros y navegantes, y a los puertos que los conectaban. La bebida, la vid y el conocimiento para cultivarla no viajaron necesariamente juntos.

Un ánfora invita a imaginar una historia. Leerla con atención exige preguntarnos qué partes de esa historia puede sostener la evidencia.

Tres viajes que necesitan evidencias distintas

Un cargamento de vino se refiere a una bebida. El traslado de semillas, esquejes o plantas vivas se refiere a material vegetal. La difusión de prácticas de poda, multiplicación o elaboración se refiere a conocimientos. Estos viajes pueden conectarse, pero encontrar uno no demuestra los otros dos.

Imagina, como comparación actual, que encargas una botella de otro país. Recibir el vino no demostraría que tu barrio ha incorporado esa variedad de uva, plantado un viñedo o aprendido los métodos del productor.

La distinción también cambia las preguntas que hacemos a la evidencia antigua. Un recipiente con vino nos habla de ese recipiente y su contenido. La ascendencia de uvas cultivadas nos habla de plantas. Una instalación productiva nos habla de una actividad en un lugar determinado. Cada conexión entre ellas necesita su propio argumento.

Tampoco comienza esta historia con los pueblos comerciantes más conocidos de la Edad del Hierro. Una investigación sobre recipientes de la tumba U-j de Abidos, hacia 3150 a. e. c. —antes de la era común—, interpretó residuos relacionados con la uva en cerámica levantina como vino. El caso no demuestra por sí solo un itinerario exclusivamente marítimo. McGovern y colaboradores, 2009

Los ejemplos que siguen iluminan redes concretas; no identifican el primer viaje de todos los vinos.

El recipiente formaba parte del sistema de transporte

Antes de admirar la silueta de un ánfora, pensemos en una pregunta práctica: ¿cómo trasladamos un líquido sin perderlo?

La investigación sobre envases estudia las ánforas de transporte dentro de un sistema logístico, relacionando su diseño con la manipulación y el traslado. El recurso de la Universidad de Southampton también deja clara una distinción básica: estos recipientes transportaban productos como vino, aceite y preparados de pescado. La forma y el contexto arqueológico orientan la interpretación; los residuos pueden aportar evidencia sobre el contenido. Twede, 2002 · Roman Amphorae, Universidad de Southampton

Por eso, «se encontró un ánfora» es el comienzo de una pregunta, no una historia completa del vino.

Conviene separar tres identidades: dónde se fabricó la cerámica, de dónde procedía el contenido y dónde apareció finalmente el recipiente. Las respuestas no son necesariamente intercambiables. El origen propuesto para un vino necesita respaldo propio; no basta con heredar el lugar escrito junto al nombre de un tipo cerámico.

Un lagar fenicio nos acerca a la producción

En Tell el-Burak, unos nueve kilómetros al sur de Sidón, los investigadores estudiaron un lagar junto con pepitas de uva y ánforas de transporte. Interpretaron el conjunto como evidencia de producción especializada de vino. La instalación se sitúa probablemente en el siglo VII a. e. c., con un posible comienzo a finales del VIII. Orsingher y colaboradores, 2020

El lagar reúne el trabajo agrícola y los recipientes cerámicos en una misma imagen. Elaborar el líquido y preparar algo capaz de transportarlo son logros prácticos diferentes. Al contemplarlos juntos, podemos preguntarnos cómo un producto local se convirtió en una posible carga: ¿dónde se llenaría el recipiente y qué debía estar preparado antes de su salida?

Así, la expresión «comercio fenicio del vino» se vuelve más tangible. Tenemos un lugar de producción que considerar, además del nombre de un pueblo en el mapa. Identificar el recorrido de un envío concreto sigue necesitando evidencia propia.

Dos pecios sitúan un cargamento en el mar

Los pecios Tanit y Elissa, del siglo VIII a. e. c., transportaban ánforas interpretadas como recipientes de vino. Una de las analizadas, fechada por tipología hacia 725 ± 25 a. e. c., conservaba ácido tartárico y un revestimiento de resina de pino. Egipto y Cartago siguen siendo destinos propuestos, no demostrados. Ballard y colaboradores, 2002

Un cargamento en el mar es una evidencia poderosa. Sigue siendo un fragmento de un viaje.

El lugar donde se hundió un barco no nos dice automáticamente dónde cargó por última vez, si preveía otra escala o dónde vivían sus compradores. Dibujar una ruta como una única flecha segura puede ocultar todas esas preguntas pendientes.

Por eso, Tell el-Burak y estos pecios pertenecen a una misma conversación amplia sin convertirse en una cadena de suministro documentada. Los casos presentados aquí no prueban que el vino de aquel lagar llenara aquellos recipientes.

Una bodega de carga muestra el trabajo del transporte

El pecio Grand Ribaud F, frente a la península de Giens, al sur de Francia, se fecha hacia 500–475 a. e. c. Sus investigadores describieron aproximadamente mil ánforas etruscas, atadas en al menos cinco capas. Los recipientes griegos y masaliotas próximos a la popa pudieron servir de provisiones. El origen de la carga no identifica a la tripulación. Long, Gantès y Rival, 2006

La palabra importante es dispuestas. Un recipiente solo resuelve una parte del problema; también importa su posición entre los demás.

Observar esa carga organizada desplaza nuestra atención del objeto bello y solitario. Empezamos a preguntarnos por la carga, la sujeción, el acceso y la descarga. Son preguntas sobre el trabajo necesario para hacer posible el envío, aunque desconozcamos los nombres de quienes lo realizaron.

Un cargamento puede conservar su disposición sin conservar la historia de cada persona.

 Dos réplicas modernas de ánforas sujetas en un soporte contemporáneo de madera con cuerda, como ilustración del manejo de recipientes.

Un sello habla, pero no lo dice todo

Un ánfora de Rodas del Metropolitan Museum of Art, fechada entre finales del siglo III y mediados del II a. e. c., lleva sellos que nombran el mes Panamos, al magistrado Pythogenes y al fabricante Hephaistion. La evidencia se refiere a la fabricación del recipiente; no revela la añada, la variedad ni la calidad del vino. The Metropolitan Museum of Art, ficha de colección

Por un momento, el objeto nos acerca a personas con nombre. La fabricación y su registro se vuelven más tangibles que la expresión general «comercio griego». Podemos preguntarnos qué identifica cada nombre y por qué importaba marcar el recipiente.

Las marcas pueden recordarnos una etiqueta actual. Leerlas según su propia función resulta más revelador que esperar respuestas a todas las preguntas que hoy hacemos sobre el vino.

Detalle del asa y el hombro sin inscripciones de una réplica moderna de ánfora en un taller de cerámica contemporáneo.

Cuando llega el vino, ¿le sigue un viñedo?

En Lattara, la actual Lattes, al sur de Francia, los investigadores identificaron evidencia de vino en ánforas etruscas importadas de hacia 500–475 a. e. c. e interpretaron una plataforma de piedra caliza de hacia 425–400 a. e. c. como un lagar. El lugar permite observar bebida importada y producción local en fechas diferentes. McGovern y colaboradores, 2013

La distinción importa más que un esquema ordenado de «antes y después». El vino importado y una instalación productiva posterior no revelan por sí solos qué personas transmitieron los conocimientos, qué vides utilizaron o cuándo ocurrió la primera vendimia de una región.

La evidencia de cambios en las formas de las pepitas del cercano Port Ariane se remonta a los siglos VII–VI a. e. c. en la cronología corregida del estudio. Esa evidencia vegetal anterior también forma parte de la historia de la región. Corrección publicada, 2013

Una investigación más reciente de ADN antiguo encontró ascendencia relacionada con uvas domesticadas hacia 625–500 a. e. c. en su registro de muestras francesas. El hallazgo se refiere a plantas y ascendencia; no reconstruye un itinerario marítimo. Noraz y colaboradores, 2026

La costa receptora pasa a formar parte activa de nuestras preguntas. ¿Qué relación se desarrolló entre las bebidas importadas, las plantas disponibles y la producción local? Cada evidencia abre una perspectiva distinta. Mantener separadas las fechas nos permite preguntar por los cambios a lo largo del tiempo, sin comprimirlos en una sola llegada.

La llegada de un recipiente y el comienzo de un viñedo son preguntas diferentes.

El recorrido no termina en la costa

Las ánforas no eran los únicos recipientes implicados. El pecio romano de La Giraglia, al norte de Córcega, transportaba al menos ocho dolia: grandes recipientes cerámicos asociados al transporte de vino a granel. El caso amplía la imagen de una bodega de carga formada exclusivamente por ánforas menores. Marlier y Sibella, 2002

El Ródano aporta otro cambio de escala. El Ministerio de Cultura francés describe ánforas de múltiples procedencias en los depósitos portuarios de Arlés, reflejo de la distribución mediterránea hacia el norte entre los siglos II y V de la era común. Ministère de la Culture, depósitos portuarios de Arlés

Arlés nos ayuda a imaginar el puerto como una conexión: una llegada desde el mar podía convertirse en el comienzo de otro desplazamiento hacia el interior. El río da profundidad a un mapa que quizá se detendría en una línea de poblaciones costeras. También importa la variedad del depósito; no debemos describirlo como un único cargamento dedicado íntegramente al vino.

La resina es un rastro, no una nota de cata recuperada

Tres ánforas del fondeadero romano de San Felice Circeo aportaron evidencia botánica y química de productos de la uva y de un revestimiento impermeabilizante de coníferas. El conjunto permite investigar su contenido sin recuperar una receta completa ni confirmar un naufragio concreto. Chassouant y colaboradores, 2022

El revestimiento vuelve visible el problema práctico de proteger el contenido. La química plantea después otra pregunta: ¿qué queda de la sustancia transportada? Reconstruir la experiencia de quien bebió exigiría mucho más. Podemos comprender parte de la función del recipiente y mantener abierta la investigación sobre el vino desaparecido.

El rastro puede respaldar una pregunta sobre el contenido sin devolvernos la copa.

Cinco preguntas para seguir al vino por la historia

Esta es una guía de lectura original para una cartela de museo, un artículo o un documental. No permite autenticar un objeto ni reconstruir por cuenta propia una ruta antigua.

1. ¿Qué viajó?

¿Una bebida, un recipiente, material vegetal o conocimientos? Identifica el sujeto antes de tratar movimientos diferentes como un solo acontecimiento. Si una historia comienza con un cargamento y termina con un viñedo, busca la evidencia que los conecta.

2. ¿Qué contiene el recipiente?

Pregunta qué respalda el contenido propuesto: análisis, marcas, objetos asociados o la interpretación contextual de los investigadores. Conserva el grado de certeza de «identificado», «compatible con» y «posible». Una descripción cuidadosa resulta más útil que sustituir todos los matices por la palabra vino.

3. ¿En qué se basa el origen que se le atribuye?

¿«De Rodas», «etrusco» o «levantino» describe la cerámica, su fabricación, el contenido o una interpretación del contexto cultural? No permitas que una respuesta aporte silenciosamente las demás. En particular, la atribución de un recipiente no es una lista de pasajeros.

4. ¿Qué trayecto o destino está respaldado?

Separa el lugar del hallazgo del punto de partida propuesto y del destino previsto. Si un mapa añade flechas, pregunta qué las conecta. Una ruta posible debe seguir siendo visiblemente posible, por convincente que resulte su ilustración.

5. ¿Qué cambió después de llegar?

¿Solo hay evidencia de una bebida importada, o también de producción local, plantas cultivadas o cambios de prácticas? La última pregunta mantiene al lugar receptor dentro de la historia. La llegada, por sí sola, no explica lo que hicieron las personas después.

Estas preguntas no restan vida al pasado. Nos ayudan a conservar sus posibilidades humanas sin confundirlas con las conclusiones que podemos defender.

Qué nos llevamos de regreso a la copa

La próxima vez que la historia de una botella mencione un pueblo comerciante de la Antigüedad o una ruta marítima, podremos disfrutar de la conexión y preguntarnos qué se ha documentado exactamente.

Para Ask Sommelier AI, ese es un criterio editorial útil: explicar el contexto histórico de un vino sin permitir que su ascendencia o una ruta evocadora sustituyan la evidencia sobre la botella que tenemos delante. La historia puede enriquecer una conversación; no decide si disfrutaremos el vino.

Volvamos a la vitrina imaginada. El ánfora sigue en silencio, pero nuestras preguntas han cambiado. Vemos un recipiente cuyos rastros conservados revelan partes de un viaje entre personas.

La historia del vino se enriquece cuando seguimos lo que viajó y conservamos la curiosidad por lo que llegó con él.

Próximo artículo de Antes de las etiquetas: Un día en una bodega romana: qué podemos saber de sus vinos. Pasaremos del viaje al lugar de elaboración.

Una copa de vino sobre una mesa costera contemporánea, con un puerto tranquilo desenfocado al fondo.

Preguntas frecuentes

¿Todas las ánforas antiguas se utilizaban para vino?

No. También transportaban aceite y preparados de pescado. Identificar el contenido requiere evidencia adicional a la forma. Universidad de Southampton

¿Los fenicios iniciaron el primer comercio del vino?

La evidencia comentada en Abidos es anterior a estos casos fenicios. Este artículo no identifica un primer envío universal. McGovern y colaboradores, 2009

¿El sello de un ánfora revela la añada del vino?

Los sellos de Rodas aquí descritos fechan la fabricación del recipiente. Identificar una vendimia exigiría evidencia adicional. The Metropolitan Museum of Art

¿El vino importado demuestra que se cultivaban uvas localmente?

El cultivo local requiere evidencia propia. Una bebida importada, por sí sola, no lo demuestra. McGovern y colaboradores, 2013

¿Qué es un dolium?

Un gran recipiente cerámico; su plural es dolia. Algunos barcos romanos, entre ellos La Giraglia, los llevaban para transportar mercancía a granel. Marlier y Sibella, 2002

¿Los residuos revelan exactamente cómo sabía un vino antiguo?

Ayudan a identificar contenidos, pero no recuperan una experiencia de cata completa. Chassouant y colaboradores, 2022

Referencias

Se conservan los títulos originales de las fuentes. El dossier adjunto documenta el acceso utilizado y el alcance de cada referencia.

  1. Twede, D. (2002). The packaging technology and science of ancient transport amphoras. Packaging Technology and Science 15(4), 181–195. Fuente.
  2. University of Southampton (2014). Roman Amphorae: a digital resource — Usage. Archaeology Data Service; dataset DOI 10.5284/1028192. Fuente.
  3. McGovern, P. E., Mirzoian, A., & Hall, G. R. (2009). Ancient Egyptian herbal wines. PNAS 106(18), 7361–7366. Fuente.
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  5. Ballard, R. D., et al. (2002). Iron Age Shipwrecks in Deep Water off Ashkelon, Israel. American Journal of Archaeology 106(2), 151–168. Fuente. Acceso adicional.
  6. Long, L., Gantès, L.-F., & Rival, M. (2006). L’épave Grand Ribaud F : un chargement de produits étrusques du début du Ve siècle avant J.-C.. Report in the proceedings of the XXIV Convegno di Studi Etruschi ed Italici, pp. 455–495. Fuente.
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  13. Chassouant, L., et al. (2022). Archaeobotanical and chemical investigations on wine amphorae from San Felice Circeo (Italy) shed light on grape beverages at the Roman time. PLOS ONE 17(6), e0267129. Fuente.